lunes, 27 de abril de 2026

De pollitos, metaleros y de tí

 El día de ayer me dispuse a decirte: te quiero, te quiero de todas las formas posibles.


Te quiero mucho, te quiero poco, te quiero cerca, te quiero lejo. Te quiero del querer bonito, del que se nota y se siente. 


Pero, ya no te quiero querer con pena, quedo y a prisa, con palabras a medio decir mientras la limusina naranja se acerca y el tiempo apremia.


Así que hoy me enfrento a una hoja rayada, un viaje en transporte público, una tarde cansada pero con la ilusión de encontrarte al final del camino. Entonces, ¿cómo decir te quiero en palabras bonitas? en prosa, lirica, rap … y ¿cómo decirlo antes de que te vayas?.


Para empezar, quisiera hacer alusión a tu sonrisa, delicada. A tus labios delgados y pálidos. A tus abrazos de café o a tus ojos hierbabuena que les duele la luz y aún con eso no saben dejar de brillar, ni en las peores rachas.


Quisiera hablar sobre lo que eres.. una feliz coincidencia, alguien no esperado, un viajero del centro que ha llevado como equipaje sus pensamientos. 

De paso firme y manos porcelana, delicadas a mi vista pero con un agarre firme. Mis ruanas personales..


Y qué decir de tu acento, tan neutro como tu expresión ante el amor, pero, si lo escuchas bien lograrás notar como se escapa un latido, un cariño, un arrunche, tal vez no sea tan neutro como lo pensaba, se podría decir que “el pollito metalero” no es como se pinta.


En este punto de la carta, confesión, cariño.. la vida… es inevitable decir que te extraño, que extrañaré estar a un metrobus de distancia, pero, también creo en todas las posibilidades y los puntos medios a donde estaremos. En los puntos cercanos a donde estarás y los lejanos a donde llegaré.


Decir te quiero, es agradecer el café de la mañana, los piojitos en la espalda, los videos de risa y honrar el huequito que has abierto en tu corazón para mí. 


No sé si estas palabras sean claras, ni si se vivan distinto a escucharlas. Solo espero que, al leerlas puedas sentir lo que siento.


Te quiero


lunes, 6 de abril de 2026

Hace 365 días

¡Puta madre, Adri!

Así habíamos quedado: esa sería nuestra forma de decirnos “te recuerdo”. Torpe, burda, poco afectuosa. Pero nosotros sabíamos lo que escondía. Era nuestra contraseña, una especie de complicidad rara que nos acercó y con la que aprendimos, de alguna forma, a habitarnos.

Ahora miro mi bandeja de entrada y no hay nada.
Ni saludos, ni corazones, ni “buenos días”, ni tus chistes malos.
No hay fotos, ni mensajes que prueben que alguna vez estuviste aquí.

Como dicen las canciones y los libros —aunque uno jure que nunca va a decir esas cosas—, lo que queda es un hueco. Un espacio frío, vacío. Una tristeza que se parece más a la añoranza que al enojo

Quedan los recuerdos: un abrazo, tu risa.
Y ese pensamiento obstinado que vuelve una y otra vez: lo teníamos todo.
Después me corrijo: yo lo tenía todo.
Porque, al final, nunca sabré qué era lo que tú esperabas.

A veces quisiera enojarme de verdad. Odiarte un poco, lo suficiente como para borrar la memoria lo bien que nos entendíamos. De cómo me abrazabas. De cómo era despertar contigo. 

¡Puta madre, Adri!

Y me pregunto —aunque sé que no tiene respuesta— si para ti fue tan real como lo fue para mí.

Hasta hace poco no había entendido cuánto cuidaba yo lo nuestro. Cuánto lo pensaba, cuánto lo imaginaba creciendo hacia algo más, aunque mi cabeza se empeñara en decirme que no debía hacerlo.
Mi mente decía prudencia.
Pero el corazón, el apego, las heridas viejas… quién sabe.
Tal vez en el fondo sí nos imaginaba juntos.

¡Puta madre, Adri!

Un hogar cualquiera. Un desayuno improvisado. Planes a futuro. Problemas que resolveríamos,  porque éramos un equipo.

Y ahora me encuentro hablando con gente sobre relaciones, tratando de entender lo que pasó, llegando siempre al mismo punto: tú. Y pensando que, dentro de todo lo que salió mal, también había mucho que estaba bien. Y esa es la espina que lastima...

¡Puta madre, Adri!

A veces la vida suena como una canción de "Cigarettes After Sex": lenta, gris, suspendida en una nostalgia que no sabe exactamente qué perdió. Un "00:00", una "piel canela"...  canciones que ya no volverán a sonar igual. A veces son más intensas de lo que quisiera y otras más lejanas de lo que esperaba.

También he descubierto algo extraño: la sensación de ser un “pollo sin cabeza”. Caminar por la vida en automático. Cumplir con lo que toca. Decirme que debo mejorar, reencontrarme, seguir adelante… y aun así sentir que algo adentro se quebró en silencio.

Si tuviera que describirlo con una imagen, diría que dentro de mí hay ramas secas, marchitas, cruzándose entre sí, rozando la piel por dentro y ardiendo. Y en medio, un hueco. Un pequeño vacío donde antes había algo vivo. Y en mi mente un nudo, rodeado de nada y de todo.

Entonces empiezo a repartir culpas.

A la sociedad, por vendernos una idea imposible del amor.
A las expectativas.
A mi propio cerebro, que insiste en buscar dopamina y serotonina donde ya no están.
Por no haberme detenido cuando debía. Por hablarte. Por buscarte. Por quedarme, aun sabiendo que tal vez terminaría con el corazón roto.

¡Puta madre, Adri!




lunes, 17 de marzo de 2025

Un grito



El pasado 8 de marzo 200,000 mujeres marcharon uniéndose en una. Realmente no había 

sentido la conexión con el movimiento hasta ese fin de semana.

Tal vez la negación de lo vivido, la ignorancia o el miedo a pensar diferente, a salir del molde.

Pero esta vez, tenía ganas de unirme, de gritar. De sentirme indignada, de mí mísma.

Indignada de la vida. Indignada de mi inacción. 

Conmovida y buscando fuerza, que hasta ahora no he encontrado. Las miro y pienso que 

más que un movimiento social, puede ser una  ventana para quienes como yo, necesitamos 

la fuerza del grupo, la voz de la otra que ya se ha encontrado.

Conmovida, por que las mujeres estamos despertando y buscando nuevas formas de vivir. 

Y ellos, muchos de ellos aún no han despertado, aún no han encontrado esos espacios, aún 

no se han indignado con ellos mismos.

Sin duda, aún necesitamos repensarnos, no como ellas y ellos, si no como un nosotros, 

como humanidad, como persona.

martes, 28 de noviembre de 2023

Hogar, mi hogar

Su cabello negro se extiende como el universo coloreando su blanca piel, que destella como las estrellas. Pequeños planetas en forma de lunar terminan de adornar el lienzo de su cuerpo. Y si miras a través de sus risueños ojos ámbar podrás encontrar aún más belleza.

Un mundo de matices, colores que te invitan a sanar. Puedes ver la calma representada en un abrazo y el cuidado a través de un beso en la frente. La pasión en cada yema de sus dedos. Y el amor en sus labios.

Y, qué decir de su voz, una brisa grave que cuida, protege, pero invita a vivir.

Más allá, en lo etéreo encontramos sus sueños, aspiraciones y a veces miedos, porque claro, es humano.  Pero sobre todo, hay bondad, un gusto por estar para él otro y para si mismo. Enseñando siempre las diferentes formas de amar, alejando el miedo. Siempre en busca de mejorar.

Ciertamente un hogar con forma humana... 

Mi hogar


lunes, 24 de julio de 2023

5:00 am

Una cadente melodía sonaba a lo lejos mientras sus largos brazos la rodeaban, podía sentir el calor cerca de su cuerpo. Su respiración era lenta, siguiendo al paso de la noche.  

Poco a poco tomaba consciencia del momento. Abriendo sus ojos rodeados de pestañas y sueños.  

Girando un poco su nuca se encontraba su cabello oscuro, confundiéndose con la oscuridad. Llamándola con su olor tan característico. Era algo así como, una mezcla de gel y Carolina Herrera 212, que con el pasar del tiempo se volvía más tenue, pero aquel día parecía resaltar. 

Probablemente era aquella sensación de paz que se percibía en el aire,  de seguridad o de eso que llaman amor.

Lo cierto es que eran las 5:00 am de un lunes por la mañana, casi cualquiera, casi cotidiano, sin embargo estaba él y con ello se rompían los días de la semana. El pasado y el futuro. Para dar lugar al aquí y ahora. 

Descubriendo la contemplación del mundo, en la punta de su dedo gordo, en el aire que salía por su nariz, calido y quedo o en la forma de sus pestañas, largas y oscuras que tocaban su blanca piel.

Ella sentía amor...






miércoles, 28 de diciembre de 2022

El limbo de los corazones rotos

El limbo de los corazones rotos


Las olas golpeaban las rocas creando una mezcla de azul y bruma perfecta. Sus cuerpos danzaban entre el agua fusionándose con la naturaleza, disfrutando del tiempo, sin más.

 Él, rindiéndose a su boca, respiraba con una cadencia que invitaba a seguirlo. Con sus manos la tomaban de la cintura, acercándola a sus latidos. Besándola.

 Aquel momento se difuminaba entre el cielo y el mar, cambiando a un verde pasto, fresco como la seguridad de que estaba uno para él otro.

 Los escenarios se transformaban de acuerdo al ritmo e intensidad de sus caricias. La fuerza del viento de un mar agitado los llevaba a una tranquila planicie para devolverlos a una galería de arte donde todo había comenzado, finalizando con sus cuerpos abrazados entre dos estatuas de mármol.

 Pronto se iría a uno de esos viajes interminables de los que hablaba, Italia... tal vez, el Atlántico. Sólo él podría saberlo.

 Mientras sus manos se aferraban a su camisa y su cara a su pecho, con voz queda pero entusiasmada, esbozó una súplica - ¡Vamos!, deja todo y sígueme-

 Sin embargo, en su boca únicamente pudo encontrar una amarga verdad. -No puedo, tengo algo que decirte... hay alguien más... verás, es un hombre que quiere adoptar, me parece una muy buena opción...., el dinero ya no será un problema y yo podría dedicarme a...-

 Sus ojos se habían vuelto fríos y distantes. Se convertía en un desconocido que poco a poco robaba su corazón.

 De pronto, todo el mundo parecía más apagado, un poco más tenue, un poco más frío. Aquel lugar parecía haberse hundido bajo el suelo. Ella se sentía más liviana, estaba, pero no estaba.

 Mientras procesaba la información, tomó cuenta de que la pequeña sala de museo se notaba llena. Parecía haber personas de todas las épocas. Vestidos largos y corsés inundaban la salita. Las pinturas parecían menos antiguas y el piso menos gastado.

 Su corazón había dejado de latir con la intensidad que antes vivía, ahora era más un "bum" entrecortado. Con un gesto de rechazó, soltaba las manos por quien hasta hacía unos momentos había estado dispuesta a dejar todo.

 Corrió por los pasillos apenada, buscando salir de aquel lugar. Las estructuras de piedra laberíntica y su respiración rápida no permitían que pudiera pensar adecuadamente para poder salir. Jardines, puertas, pasillos con tanta gente a su alrededor parecía una mala broma -¿ahora que necesitaba soledad aparecían todos?- preguntaba a sus adentros.

 Mientras buscaba una salida, su mirada registró una figura a través de una ventana. Un hombre alto de cabello largo de porte desgarbado. Era él, él y un otro. Hablando.

 No alcanzaba a escuchar lo que decían, pero los movimientos de sus manos parecían algo agitados, tal vez una discusión... Mientras trataba de descifrar lo que acontecía, de forma súbita el otro hombre se levantaba de la mesa y salía por una de las puertas situadas al fondo.

 Un hombre alto, de tez oscura y nada de cabello, vestía un traje de tres piezas café, que hacía juego con un sombrero, que se alejaba entre el tumulto. Mientras, la figura que ella conocía se quedaba sollozando sobre la mesa, desconsolado, con su cabello sobre sus antebrazos cubriendo su cara.

 Desconcertada, buscó salir inmediatamente del lugar. Él hombre que arrogante había estado entre sus brazos ahora se encontraba llorando sobre la mesa.

 "Clic, clac..." se escuchaban sus zapatos golpear el piso gris mientras subía unas escaleras hacia la salida. Sin embargo, una mujer la detenía.

 - ¿A dónde vas?, Tú no puedes salir- mencionaba con voz firme.

 -Necesito irme- respondió

 -Lo siento, es imposible. Te encuentras en el limbo de los corazones rotos, el lugar a donde van... los muertos de corazón...-

 Pasmada, dio un paso hacia atrás y miró a su al rededor, había tantas personas vagando... jóvenes, viejos... de cientos de épocas y ahora, ella se encontraba ahí y él también.

 La mujer volvió a hablar- parece que a ambos les han roto el corazón, bienvenidos...-

 Como en una película de terror, todo se volvió gris. Las imágenes poco a poco se desvanecían.

 La cara de aquella mujer se descomponía en una escala de grises amorfa, sin embargo, sus ojos continuaban fijos, mirándola, hasta que aquella escena se volvió nada...

 Una bocanada de aire le despertó, todo era un mal sueño...