lunes, 1 de mayo de 2017

Invitación



Sus labios rojos con una sonrisa tierna invitaban a una amena conversación, de mirada fija que incitaba a pensarle.

El movimiento de sus blancas manos tan fino como su voz llamaba a permanecer mirando los espirales que acompañaban sus palabras.

Todo su ser, incitaba a la confusión. Aquellos gestos, y la voz queda, parecieran una alternativa, un reflejo de lo que puede ser. Una invitación a una desnudez del alma. Atrayendo a un vacío, al caos, a una pérdida de la esencia misma.

Su amabilidad conducía a un camino desconocido y sin retorno, a un juego en el que al parecer la pérdida es la única ganancia. Reflejando en el espejo de su franqueza las penurias de otra alma solitaria, las añoranzas que parecen estar fuera de su alcance.


Su piel de mármol, era una suplica hacía un acorde secreto.

Espero que algún día su invitación sea escuchada por alguien que desee caminar acompañado por tan magnífica alma. 

Por ahora, solo relato lo que logré observar pues, yo también estoy esperando a mí invitado, aquel de lunares nostálgicos...






jueves, 30 de marzo de 2017

Somos más que un simple verso


Es una tonada pegajosa, esa sensación de soltura; de embriaguez. En donde cierras el corazón y te abres a las sensaciones. Alcohol y voluptuosidad. Dueño de las rimas simples. Una canción de rock, un himno al hedonismo.

Y, ¿porque no escuchar la tonada completa?. Pareciera que solo quisiéramos nutrirnos de los versos calurosos, esos que provocan… rapiditos y sensuales. Aventureros, de los que acompañamos con vino sobre el colchón, mientras seguimos nuestras pieles y la agitada respiración. Besos aprisionados sólo en el cuerpo. 

Y, ¿que hay de besar nuestras almas?. De las melodías con cadencia, de la caída libre hacia un sentimiento. ¿Dónde quedó la luna, la compañía y el compartirnos?, ¿Dónde quedó el estribillo?. 

Es una canción que rodea tu cadera, camina por la comisura de tus labios y posee, pero jamás se hace tuyo, ni eres suya. Sólo en la superficie, sólo en el cuerpo, lo en el verso.

Soy dos acordes quedos, cinco frases melancólicas y una cadencia que puede parecer lenta, pero que aumenta al gusto. Una tonada que merece ser escuchada, un gusto adquirido de esos que te abruman y quieren seducir tú voluntad; tú esencia. Un cuerpo con alma y un alma con cuerpo.  Soy más que un verso y un estribillo. Soy ritmo y melodía y podríamos ser armonía. 


Y prefieres un simple verso.






martes, 14 de marzo de 2017

Perdiendo el Norte


Te escribo a tí que posiblemente pases lo que yo. 
Para tí, que sientes como te ahogas en un torbellino del cual sólo tú sabes como escapar. 
Tú, que crees haber perdido la llave de tí mismo, quien siente el sopor de los días, la maldición de algún recuerdo y la gracia de seguir aquí. 
A tí, que te ocultas en la oscuridad para ser tú mejor versión. 
Para tí, que buscas algo o alguien, tal vez una respuesta que parece ocultarse. 
Para ellos que creen para vivir y que se arrastran todos los días buscando aferrarse de algo. 
Por quienes creen haber perdido el Norte. 
Por tí, por mí. 
No hay de que preocuparse hay otros como tú. Y si hemos perdido el Norte... siempre podemos llegar al Sur. 

Un mounstruo


Ya no hay a quien culpar y ese vacio parece haber vuelto, ceñido a la luz del sol, a la bravura del viento y a cada una de las gotas de lluvia. 

Encapsulando todo en una realidad sin color, jugando con una escala tonal entre el gris y la bruma. Ya no es "alguien", ya no es nada, únicamente aquel ruido desde las entrañas, atemorizando con sus tronidos, volviendome frágil, y que deja estando  sin estar. 

Ya no es "él" , ya no soy "yo", ya no es "nadie", sólo es nada.

Tinta y papel






Escribir, el arte de subsanar el interior; la forma de en contrate, y perderte.  Escribir, la música de los solitarios y derrotistas; el balón de los corazones ambulantes; el sostén del afligido; la guía de los ciegos; la voz de un mudo; la compañera del abandonado; la estrella del opacado. 
Y para mi, suele ser la distancia entre la tinta y tu; el papel como tú cuerpo y la lírica tú voz.  Escribir, la forma de invocarte sin tenerte, sin saberte. 

Escribir es... una forma de ser yo, para tí.

jueves, 26 de enero de 2017

Lo que un día me contó la Luna


La luna los miraba, como la primera vez en que los conoció. Pero esta Luna era diferente, menos cálida y más lejana, ajena. Esta Luna parecía despedirlos, poniéndoles puntos suspensivos sobre sus cabezas. Trataba de no mirar demasiado para no incomodarlos, pero era inevitable, algo sucedía justo bajo su halo plateado. La cabeza gacha de ambos, no mentía. 

Allí, en tierra, los brazos cálidos de èl, rodeaban a la chica haciéndola sentir un poco más segura, mientras se preguntaba... ¿Y, ahora...? Al parecer, su cabeza era un caos, no había nada seguro, más que esa sensación en el pecho, ese latir desacompasado del corazón, esa incertidumbre.  


Sus expectativas estaban rotas, lo que había imaginado era diferente a la realidad, pero aun así podía aceptarlo, se sentía extrañamente atraída por ello. ¿La razón? Luna aún no logra descubrirlo. Pero cuenta que la ha visto derramar lágrimas cuando habla sobre aquella realidad seductora, cuando recuerda su oscuro cabello y su blanca sonrisa o la forma en que sus abrazos rodeaban su cuerpo, incluso la forma graciosa en que hablaba, la manera en que era ella cuando estaba junto a él, lo que conoció de sí gracias a los ojos  que hoy la despiden. También parece haber sollozado por aquellos momentos extraños, en los que no lograba entenderlo, cuando todo parecía indicar que era el fin, cuando su comportamiento era diferente a sus palabras. Esas veces cuando su "libertad" parecía dolerle, cuando sentía que se perdía en aquella incertidumbre, cuando la inseguridad comenzó a carcomerla y su idea del amor comenzaba a distorsionarse.

Sobre él no dice mucho, siempre fue mejor descifrándolas. Pero me ha contado que, él parecía desconcertado, pensativo, realista, analítico, ensimismado, estoico. Cuenta que a veces asemeja cargar con un caparazón que impide a otros acercarse, por mucho que quieran suelen ser proyectados hacia el exterior como gotas que se estrellan en un parabrisas, mientras este continúa a toda velocidad su camino sin ser consciente de ellas, descomponiéndolas en muchos pedazos. Otras veces es como si sus pies se hundieran en cemento y le impidieran seguir, transformarse, refugiándose solo en él.   

A veces, me dice, le gustaría hablarles y decirles que el: "Dolor es inevitable, pero el sufrimiento es voluntario".  Cree que a ambos lo necesitan y se pregunta: "¿Esto es querer?, ¿Siempre es así?, ¿Esto les depara a todos?, ¿Esas sensación de desasosiego es, extrañar?, ¿Esto es vivir?.


Yo no sé que decirle, sólo soy una nube que se ha enamorado. Soy una nube enamorada de la Luna.


domingo, 30 de octubre de 2016

Café con leche



Su risa nerviosa hacia juego con el blanco de las sábanas, mientras su azabache cabellera contrastaba con las mismas. Ambos permanecían sin moverse en extremos opuestos de la habitación, contemplándose, sonriendo, taciturnos. Haciendo honor a su nombre él volvióse valiente acercándose. La profundidad de su mirada lograba reflejarla, moviéndose lentamente, examinando su cara, su cuerpo… Su compañera, tomando una bocanada grande de aire le sonreía mientras acortaba distancia.

El playlist perfecto hacía compañía a sus manos mientras recorrían lentamente su cara, atravesando sus mejillas bajando hasta su delgado cuello rodeado fácilmente por sus manos, avanzando hacia las clavículas, estacionándose en el esternón, perdiéndose a sus costados. Su respiración había dejado de ser cauta, acelerándose. La discordancia de sus pieles era perfecta: una blanca, brillante como la Luna,  llena de oscuros lunares que hacían justicia a su perfección, mientras la otra, resplandecía dorada, como los rayos del sol que aparecen al amanecer. Si me preguntan el nombre de aquella obra podría llamarla, café con leche.

Sus labios rosados temblorosos en principio, explotaban en éxtasis, deslizándose como los rayos de luz a través de ella. A veces lentos, otras con aquel exquisito cólera penetrante mientras ambos sujetaban fuertemente sus nucas. Sus temperaturas habían llegado al punto de ebullición, haciendo que millones de corpúsculos compusieran una bravía orquesta, sensible al tacto, a él, a ella.
En ese preciso instante podía haber acabado el mundo y no habría importado pues ambos se tenían, estaban siendo, serían, fueron.