Su cabello negro se extiende como el universo coloreando su blanca piel, que destella como las estrellas. Pequeños planetas en forma de lunar terminan de adornar el lienzo de su cuerpo. Y si miras a través de sus risueños ojos ámbar podrás encontrar aún más belleza.
Un mundo de matices, colores que te invitan a sanar. Puedes ver la calma representada en un abrazo y el cuidado a través de un beso en la frente. La pasión en cada yema de sus dedos. Y el amor en sus labios.
Y, qué decir de su voz, una brisa grave que cuida, protege, pero invita a vivir.
Más allá, en lo etéreo encontramos sus sueños, aspiraciones y a veces miedos, porque claro, es humano. Pero sobre todo, hay bondad, un gusto por estar para él otro y para si mismo. Enseñando siempre las diferentes formas de amar, alejando el miedo. Siempre en busca de mejorar.
Una cadente melodía sonaba a lo lejos mientras sus largos brazos la rodeaban, podía sentir el calor cerca de su cuerpo. Su respiración era lenta, siguiendo al paso de la noche.
Poco a poco tomaba consciencia del momento. Abriendo sus ojos rodeados de pestañas y sueños.
Girando un poco su nuca se encontraba su cabello oscuro, confundiéndose con la oscuridad. Llamándola con su olor tan característico. Era algo así como, una mezcla de gel y Carolina Herrera 212, que con el pasar del tiempo se volvía más tenue, pero aquel día parecía resaltar.
Probablemente era aquella sensación de paz que se percibía en el aire, de seguridad o de eso que llaman amor.
Lo cierto es que eran las 5:00 am de un lunes por la mañana, casi cualquiera, casi cotidiano, sin embargo estaba él y con ello se rompían los días de la semana. El pasado y el futuro. Para dar lugar al aquí y ahora.
Descubriendo la contemplación del mundo, en la punta de su dedo gordo, en el aire que salía por su nariz, calido y quedo o en la forma de sus pestañas, largas y oscuras que tocaban su blanca piel.
Las olas golpeaban las rocas creando una mezcla de azul y
bruma perfecta. Sus cuerpos danzaban entre el agua fusionándose con la
naturaleza, disfrutando del tiempo, sin más.
Él, rindiéndose a su boca, respiraba con una cadencia que
invitaba a seguirlo. Con sus manos la tomaban de la cintura, acercándola a sus
latidos. Besándola.
Aquel momento se difuminaba entre el cielo y el mar,
cambiando a un verde pasto, fresco como la seguridad de que estaba uno para él
otro.
Los escenarios se transformaban de acuerdo al ritmo e
intensidad de sus caricias. La fuerza del viento de un mar agitado los llevaba
a una tranquila planicie para devolverlos a una galería de arte donde todo
había comenzado, finalizando con sus cuerpos abrazados entre dos estatuas de
mármol.
Pronto se iría a uno de esos viajes interminables de los que
hablaba, Italia... tal vez, el Atlántico. Sólo él podría saberlo.
Mientras sus manos se aferraban a su camisa y su cara a su
pecho, con voz queda pero entusiasmada, esbozó una súplica - ¡Vamos!, deja todo
y sígueme-
Sin embargo, en su boca únicamente pudo encontrar una amarga
verdad. -No puedo, tengo algo que decirte... hay alguien más... verás, es un
hombre que quiere adoptar, me parece una muy buena opción...., el dinero ya no
será un problema y yo podría dedicarme a...-
Sus ojos se habían vuelto fríos y distantes. Se convertía en
un desconocido que poco a poco robaba su corazón.
De pronto, todo el mundo parecía más apagado, un poco más tenue,
un poco más frío. Aquel lugar parecía haberse hundido bajo el suelo. Ella se
sentía más liviana, estaba, pero no estaba.
Mientras procesaba la información, tomó cuenta de que la
pequeña sala de museo se notaba llena. Parecía haber personas de todas las
épocas. Vestidos largos y corsés inundaban la salita. Las pinturas parecían
menos antiguas y el piso menos gastado.
Su corazón había dejado de latir con la intensidad que antes
vivía, ahora era más un "bum" entrecortado. Con un gesto de rechazó,
soltaba las manos por quien hasta hacía unos momentos había estado dispuesta a
dejar todo.
Corrió por los pasillos apenada, buscando salir de aquel
lugar. Las estructuras de piedra laberíntica y su respiración rápida no
permitían que pudiera pensar adecuadamente para poder salir. Jardines, puertas,
pasillos con tanta gente a su alrededor parecía una mala broma -¿ahora que
necesitaba soledad aparecían todos?- preguntaba a sus adentros.
Mientras buscaba una salida, su mirada registró una figura a
través de una ventana. Un hombre alto de cabello largo de porte desgarbado. Era
él, él y un otro. Hablando.
No alcanzaba a escuchar lo que decían, pero los movimientos
de sus manos parecían algo agitados, tal vez una discusión... Mientras trataba
de descifrar lo que acontecía, de forma súbita el otro hombre se levantaba de
la mesa y salía por una de las puertas situadas al fondo.
Un hombre alto, de tez oscura y nada de cabello, vestía un
traje de tres piezas café, que hacía juego con un sombrero, que se alejaba
entre el tumulto. Mientras, la figura que ella conocía se quedaba sollozando
sobre la mesa, desconsolado, con su cabello sobre sus antebrazos cubriendo su
cara.
Desconcertada, buscó salir inmediatamente del lugar. Él
hombre que arrogante había estado entre sus brazos ahora se encontraba llorando
sobre la mesa.
"Clic, clac..." se escuchaban sus zapatos golpear
el piso gris mientras subía unas escaleras hacia la salida. Sin embargo, una
mujer la detenía.
- ¿A dónde vas?, Tú no puedes salir- mencionaba con voz
firme.
-Necesito irme- respondió
-Lo siento, es imposible. Te encuentras en el limbo de los
corazones rotos, el lugar a donde van... los muertos de corazón...-
Pasmada, dio un paso hacia atrás y miró a su al rededor,
había tantas personas vagando... jóvenes, viejos... de cientos de épocas y
ahora, ella se encontraba ahí y él también.
La mujer volvió a hablar- parece que a ambos les han roto el
corazón, bienvenidos...-
Como en una película de terror, todo se volvió gris. Las imágenes
poco a poco se desvanecían.
La cara de aquella
mujer se descomponía en una escala de grises amorfa, sin embargo, sus ojos
continuaban fijos, mirándola, hasta que aquella escena se volvió nada...
Una bocanada de aire le despertó, todo era un mal sueño...